Nosotros
Nosotros
Quince años dentro de operaciones reales, un pato de hace 300 años y la obsesión de darle vida a las máquinas.
Quién está detrás
Vaucan lo fundó Frank Figueiras después de pasar 15 años dentro de las operaciones de negocios reales en México: administró la infraestructura de TI de una cadena retail con más de 72 sucursales, llevó las operaciones de una empresa industrial, gestionó más de 25 propiedades en renta — subiendo la ocupación del 78% al 94% — y trabajó recuperación de cartera en banca.
En todos lados vio el mismo patrón: los negocios no pierden clientes por mal servicio — los pierden por operación manual. El mensaje que nadie contestó, la cita que nadie confirmó, el cliente que nadie volvió a buscar.
Desde 2017 trabaja con datos e inteligencia artificial — empezó preparando datos de entrenamiento para modelos de IA cuando casi nadie hablaba de eso, y siguió con análisis de datos, Python y automatización. Vaucan es la síntesis de esas dos décadas: el sistema que esas operaciones necesitaban. Lo construye pieza por pieza — la recepción que contesta, el motor que agenda, la memoria que recuerda a cada cliente — y prueba cada parte contra conversaciones reales antes de darla por buena.
El pato que le dio nombre a todo
En 1738, el inventor francés Jacques de Vaucanson presentó el autómata más famoso de la historia: el Canard Digérateur, un pato mecánico con más de 400 piezas móviles en cada ala que aleteaba, bebía y comía grano. París enloqueció. Vaucanson también construyó el primer telar automatizado — sus tarjetas perforadas inspiraron a Jacquard y se volvieron una piedra angular de la Revolución Industrial.
Por eso el pato sobre un engrane es nuestro logo: la misma obsesión que hace 300 años construía autómatas pieza por pieza. Con una diferencia — trescientos años después, darle vida a las máquinas por fin es posible de verdad. Lo que Vaucan hace, lo hace de verdad; y lo que todavía no hace, te lo decimos con esas palabras.
La musa que operaba el negocio
Los griegos contaban que Pigmalión esculpió una figura de marfil tan perfecta que se enamoró de ella, y que Afrodita le dio vida — la estatua que la tradición terminó llamando Galatea. Es el arquetipo más viejo que tenemos de un sueño muy concreto: que nuestras creaciones cobren vida.
Siglos después, otra historia nos dio la segunda mitad del nombre. Gala, la esposa de Salvador Dalí, no era solo su musa: desde 1937 fue la administradora de su carrera — manejaba el dinero, negociaba con las galerías y organizaba el día a día para que Dalí pudiera dedicarse a pintar. Dalí la retrató en 1952 en Galatea de las esferas: la musa y la creación que cobra vida, fundidas en un mismo cuadro.
Nuestra asistente se llama Gala por las dos: la creación a la que le dimos vida, y la operadora que se encarga del negocio para que tú te dediques a tu oficio.
Por qué existe Vaucan
La misma obsesión que hace 300 años construía autómatas hoy contesta los mensajes de un consultorio a las 10 de la noche, agenda la cita, manda el recordatorio y da el seguimiento que a un equipo pequeño no le alcanza el día para dar.
Eso es Vaucan: un asistente de operaciones con IA para negocios de servicios en México que pierden clientes por operación manual. Sin promesas infladas — esto es lo que hace, y si quieres verlo contestar en vivo, pide una demo.